Jess Franco, el abuelo del porno español.


Estamos en el año 1.984, la llamada ley Miró acaba de hacerse efectiva y el porno pasa a ser legal. Aprovechando esta coyuntura Jess Franco coge la película “S” que acaba de realizar y le mete unos injertos de planos sexuales explícitos. Es el nacimiento de la primera película pornográfica española, “Lilian, la virgen pervertida”, y su director pasará a la historia como el pionero del porno moderno en España.

Con estas palabras, queda claro que hoy toca lección de historia. En concreto, se trata de repasar la vida, obra y milagros (que los tiene) del abuelo del porno patrio (el padre siempre será José María Ponce). Para muchos no deja de ser un freak, una rareza graciosa o incluso un desconocido, pero su importancia como iniciador de lo que hoy tenemos en nuestro país le hace merecedor de que el que esto escribe le dedique unas cuantas líneas.

Sobre su vida anterior al cine poco voy a decir más allá de que nació el 12 de mayo de 1.936 en Madrid y que desde muy joven tuvo claro que su futuro iría encaminado hacia el cine y la música (el jazz es su otra gran pasión).

Así que pasemos ya al meollo de la cuestión, en este caso sus películas. Por lo que a mí respecta no me he visto las 200 películas que componen la filmografía del tío Jess, y ni ganas que tengo, la verdad, así que un estudio en profundidad de esta magna obra no va a ser posible. Por el contrario, un “breve” repaso a su etapa no pornográfica, en el que veamos cómo se gesta su paso hacia el cine triple X, para luego centrarnos en los años porno, sí que lo veo bastante factible.

Una vez hecha la anterior aclaración, podemos decir que todo comenzó allá por los últimos cincuenta cuando un joven Franco se dedica a rodar una serie de documentales que le servirían como entrada en la industria cinematográfica. Su debut en el largo se produjo en 1.959 con “Tenemos 18 años”, para poco después dar la campanada con “Gritos en la noche” en 1.962. Que si semilla del terror patrio, que si obra cumbre del director, que si reconocimiento internacional, bla, bla, bla… Sobre esta película mucho se ha hablado ya, así que si alguien tiene ganas de profundizar que busque en la red, que los datos sobran y esto es una web sobre cine porno.

Con todo ello, la carrera de Jesús no hace más que subir. Ahora rueda con Christopher Lee una de Fu-Manchú, luego se va al festival de Berlín a presentar “Necronomicón”, pero antes trabaja con el amiguete Fernán Gómez en la genial “El extraño viaje” o colabora con Jean-Claude Carrière en “Miss Muerte”. Ese era el ritmo que llevaba en los sesenta. Ya por entonces empieza a ser conocido por esa sugerente mezcla de terror y erotismo que se convertirían en marca de la casa, sobre todo a partir de sus encuentros con Sade, el primero de los cuales sería “Justine” en 1.969.

En 1.972 se producen dos hechos fundamentales, crea su propia productora, “Manacoa Films”, lo que le permite una total libertad creativa, y empieza a rodar con su nueva musa, Lina Romay. Esta última acabará convirtiéndose con los años en su más fiel compañera tanto en lo fílmico como en lo vital y su importancia en el porno patrio parece que nunca será reconocida lo suficiente (ni yo lo hago al dedicar el artículo sólo a Jess). Pero bueno, antes de perder el hilo, la cosa es que Jesús cada vez se va mostrando más explícito en el tema erótico hasta acabar introduciéndose como tantos otros en el destape.

La censura acabaría desapareciendo en 1.977 y entonces entra en escena la famosa S que sirve para catalogar a las películas eróticas. Durante esta época Jess entra en una vorágine creativa y se convierte en uno de los abanderados del género filmando películas como “Eugenie (historia de una perversión)”, “El sexo está loco” o “Gemidos de placer”. Él mismo escribía: “Fueron unos tiempos magníficos… Era demasiado bello para que eso durase”. Finalmente el 5 de marzo de 1.984 se abrieron las salas X tras aprobarse unos meses antes la famosa ley Miró que acabaría sepultando el cine de género en España.

Y así llegamos al punto con el que se iniciaba este texto. El 25 de junio de 1.984, en la sala ABC Park de Madrid, veía la luz la historia de Lilian, una joven alemana de visita en España que caerá en las redes de la droga engañada por un poderoso hombre de negocios, que después de utilizarla como amante la usará para su red de trata de blancas.

Con estas pocas líneas se resume el argumento de la primera película pornográfica española, una película con una calidad cinematográfica muy superior a los posteriores trabajos porno de Franco. Aquí la fotografía está cuidada, el guión sin ser una maravilla es pasable, las actuaciones son convincentes (en especial los papeles de Antonio Mayans y el propio Franco) y la realización es correcta. De todas formas si la película se hubiese estrenado como “S” no hubiera pasado a la historia, de eso no me cabe duda.

Ya en esta primera película podemos ver varios rostros que serán fundamentales para Jess en sus siguientes trabajos X. A la inevitable Lina Romay, hay que sumar la presencia de Mari Carmen Nieto, José Llamas (se podría decir que junto a José Miguel García serán los actores “porno” por excelencia del cine de Franco) o los conocidos Emilio Linder (“Al salir de clase”) y Antonio Mayans (“Rey de reyes”).

Aparte habría que nombrar a la protagonista del film, la jovencísima Katja Bienert. Una lolita en toda regla que era acompañada por su madre al rodaje y que cuando rodaban aún tenía 17 años. De ahí que sus escenas de sexo tengan ese montaje tan “particular” en el que primerísimos planos genitales se alternan con otros de la cara de la joven sin poder ver nunca una toma abierta de lo que en verdad pasa (y es que si lo hacen se les cae el pelo).

Tras esta primera experiencia coyuntural, Franco se introduce de lleno en el mundo del cine para adultos y bajo la producción de Fernando Vidal Campos (Fervi Films) rodará el grueso de su producción porno siempre acompañado de su inseparable Lina Romay.  Se puede decir que éste era un paso entre obligado y lógico, ya que sus películas “S” cada vez eran más explícitas y las restricciones de la nueva ley más claras, así qué ¿por qué no sacar tajada de la novedad?

Si hay alguna característica que destaque entre estas películas esa es la flacidez. Flacidez en las carnes de las actrices (podemos calcular el año de la película a través de la evolución de las carnes de Lina Romay) y flacidez en los miembros viriles de los actores. Si los profesionales de nuestros días tienen que tirar muchas veces de ayudas químicas para sacar adelante las escenas, no hay que ser muy inteligente para imaginarse como sería un rodaje de la época. Hasta un actor curtido en mil batallas como Mayans lo tenía claro: “A mí con una cámara delante no se me levanta, que le vamos a hacer”, aunque para no llevar a confusión al menos diré que él no participó en ninguna escena de sexo, se limitaba a papeles dramáticos.

De esta época es su mayor éxito comercial, “Una rajita para dos” (1.984). Una readaptación de “Labios Rojos” (1.960) y de cuyo visionado disfrutaron 88.055 espectadores, una cifra que hoy no entra ni en los sueños más húmedos de cualquier productor de nuestro país. Éstas son películas alegres, hechas siempre con el mismo grupo de actores y actrices y que se rodaban paralelamente a otros proyectos. Entre Jess y Lina llevan prácticamente todos los aspectos técnicos de la película e incluso el propio Jesús afirma que en esta época la directora era Lina, encargándose él solamente de la cámara y la historia.

De todas formas películas como “Un pito para tres”, “El chupete de Lulú”, “Entre pitos anda el juego” o “El mirón y la exhibicionista” no pueden llevar otro calificativo que el de pornetes. Ya desde los títulos de crédito queda claro lo que vamos a ver con los actores eligiendo seudónimos como Pepet Poyalet, Pepito Tiesez, Tome Proculi o Mela Chupen. Vistas hoy sólo pueden calificarse como curiosidades cuyo efecto en la subida de la libido es mas bien escaso por no decir inexistente. Incluso el propio Jesús Franco afirma en su autobiografía lo siguiente: “Los resultados eran penosos. Nunca he tenido más ganas de retirarme a un convento trapense o convertirme en eremita. En España, sobre todo, nunca he visto menos amor que en este tipo de escenas, ni menos placer”.

Aún así de entre todas estas películas elijo la que para mí es la mejor imagen del cine porno de Jesús Franco. En “El ojete de Lulú” podemos ver bastante claro la opinión que tiene nuestro personaje sobre los premios y los academicismos al observar como la señorita Romay no tiene otra cosa que hacer que introducirse vía rectal un dorado y reluciente Óscar. Aquí sí que podemos aplicar eso de que una imagen vale más que mil palabras.

Y tras este desvarío sin sentido por parte del que esto escribe nos encaminamos a la última parte de la carrera pornográfica de este pionero y hombre para todo.

Pero antes de nada, otra cita de Antonio Mayans: “Cuando nosotros hacemos una película y hacemos un pornito para rellenar con las mismas actrices que están, con el mismo equipo que está allí, digamos que después de comer nos hacemos unos planos de un porno y ya lo montaremos, ya lo colocaremos, nos trae Fernando Vidal un dinero y ya las colocará él. Pero cuando vas a rodar dos pornos a Benidorm con gente, con una estructura de película, no salen las cuentas y se lo dije. Yo me encargué de ir a Barcelona a venderlas y las vendí lo más caro que se pudo al precio de mercado y estaban bien vendidas, pero siempre por debajo de lo que habíamos gastado”.

Así, el díptico formado por “Phollastía” y “Falo Crest” es el canto del cisne pornográfico de Jess Franco. Rodadas con unos recursos mayores a sus anteriores trabajos y con una buena estructura de producción detrás, nos encontramos con dos películas que no desentonarían entre las adaptaciones X que se hicieron en la edad de oro del porno americano. Son películas divertidas que, aunque no tengan en el sexo su punto fuerte, se dejan ver sin abusar del avance rápido de nuestro mando a distancia y que sin duda son lo mejor que hizo el realizador madrileño en su breve incursión en el cine porno.

Su siguiente película ya sería una de asesinos y casquería, “Faceless” aka “Los depredadores de la noche” (una de mis favoritas del tío Jess), así que con esto acababan tres años de porno que al no tener continuidad en otros directores han quedado como un oasis en el desierto que supone nuestra filmografía X hasta la aparición de José María Ponce, María Bianco y Antonio Marcos en los noventa. Para nuestro personaje sólo fue una etapa más en su larguísima carrera cinematográfica y las películas no tienen mucho más valor más allá del histórico, pero como diría aquel, ahí queda el dato de que el pionero del porno moderno en España fue Jess Franco.

Y para acabar un par de reflexiones. Una de Jesús Franco: “La pornografía puede ser un género como el western o el musical, pero requiere dotes, trabajo, dedicación y, sobre todo, vocación, o sea, como el resto del cine”. Y otra mía: “Gracias Dios por permitir que mi primera porno española fuese “Perras callejeras”, cuan afortunado soy de no haber conocido los tiempos oscuros”.

Bye.

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4 comentarios to “Jess Franco, el abuelo del porno español.”

  1. jose miguel garcia perez Says:

    soy el hijo de jose miguel garcia marfa que tuvo la oportunidad de trabajar para usted en unos cuantos rodajes junto a d.Gregorio mayans me alegra mucho que por fin la academia le reconociera el legado que nos deja alas generaciones futuras gracias. Me gustaria muchisimo contactar con usted mi telefono ******** actualmente vivo en valencia.GRACIAS

  2. bon_ice Says:

    INTERESANTE we chido

  3. rigoberto placancio de jesus Says:

    hola comos estan todos yo me estoy pajiando sobre este comentario
    porke tiene la testa grandicima y el totot

  4. ana amigo pardo Says:

    Me parece un director muy original como hay pocos yo vi la pelicula del conde dracula y me gustó mucho, tenía que hacer otra pelicula de terror, el terror actual a mi no me da ningun miedo, igual descubre una nueva musa, tendria que hacer algun casting para que participaran jovenes de toda españa.

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