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Con motivo de la próxima celebración de una nueva edición del Festival international de l’érotisme de Bruselas, la segunda en lo que va de año, rescato un texto que escribí con motivo de mi visita a dicho evento el febrero pasado. Sin más dilación, aquí la tenéis.

En el último FICEB celebrado en Barcelona, el bueno de Rocco Siffredi tuvo a bien celebrar una rueda de prensa con motivo del estreno de su por entonces última película. En el pequeño coloquio que allí se celebró dejó una frase que me quedó marcada: “el de Barcelona es el único festival verdaderamente porno”. Lo que en su momento me pareció un mero guiño simpático a los organizadores y público allí presentes, con el tiempo se me muestra cada vez más como una sentencia irrebatible.  Y es que como se suele decir, no valoramos realmente lo que tenemos hasta que lo perdemos.

Y por qué empiezo citando a Rocco y al FICEB si esto es un artículo sobre mi visita a Bruselas. Pues simple y llanamente porque la sensación final que se me quedó en el cuerpo es la de vacío y añoranza ante mis experiencias festivaleras anteriores. Ésta era mi primera visita a un festival fuera de España y para desvirgarme en estas lides no había mejor oportunidad que pasarme por las famosas Caves de Cureghem donde se celebraba el evento que da título al artículo.

Durante un par de días me paseé por allí, aproveché para ver algún show erótico, admiré unas cuantas sesiones de bondage, presencié la entrega de premios e incluso entablé conversación con un par de actrices que se defendían en la lengua de Cervantes. Así que dejemos ya las introducciones y pasemos a la faena.

Primer e importantísimo punto, el de Bruselas es un festival erótico de verdad. No es como en otros eventos en los que se enarbola la bandera del erotismo frente a la de la pornografía, pese a que todo lo ocurrido en el recinto de marras gire en torno a esta última.

El porno no pasa de ser algo secundario. Un complemento con el que adornar una fiesta a mayor gloria del ambiente liberal y que está orientada a que el visitante pueda encontrar cualquier cosa relacionada con el sexo. Y con cualquier cosa, quiero dejar claro que me refiero realmente a cualquier cosa. Porque a los habituales stands de juguetes, películas y lencería había que sumar otros dedicados a temas tan variopintos como colchones, cojines gigantes (sí, no es coña) o  almohadas ortopédicas. Un auténtico bazar del sexo en el que cualquier asistente podía satisfacer sus ansias consumistas.

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Y ese es otro punto importante, el festival está hecho para que el visitante se deje un buen dinero. Si bien la entrada era de un precio más que reducido (sólo 10 euros), una vez dentro todo estaba pensado de cara a exprimir al espectador. Desde el guardarropa hasta el acceso a los servicios todo era de pago.

De este negocio tampoco se libraban los escenarios de los shows. Montados como si fuesen bares de striptease (nada de sexo en vivo), el visitante que quisiese disfrutar de la función en primera fila debía hacerlo previo pago de una consumición. Así, mientras unos cuantos afortunados estaban tranquilamente sentados y con una visión perfecta del espectáculo, la mayoría de asistentes (entre los que me incluyo) debíamos buscarnos el mejor recoveco posible por el que si vislumbrábamos algo ya nos podíamos dar por satisfechos.

Y es que esa es otra, si bien Les Caves son un recinto con muchísima personalidad y que sin duda son parte inseparable del espíritu de este festival, también puedo decir que de cara al visitante son un auténtico coñazo. Esas columnas y arcos no son precisamente lo que más ayuda a la hora de poder disfrutar de un show. Además sus laberínticos y estrechos pasillos hacían que se formasen numerosos tapones debido a la acumulación de público en torno a cualquier stand con chicas enseñando carne.

Mina (Shibari)

Como ya he dicho, los expositores formaban una especie de gran mercadillo del sexo en el que se podía encontrar de todo, pero si había un punto que destacase sobre los demás ese era el del cuero y el látigo. Mientras escribo esta pequeña crónica, aún me sorprendo al recordar la cantidad de gente que había ataviada con los elementos característicos de esta corriente. No sólo las clásicas parejas de mediana edad que estamos acostumbrados a ver por los distintos festivales de nuestra geografía, sino que también te podías cruzar con jovencitas que hacían del tacón y el látex su mejor indumentaria, dejando a servidor boquiabierto en más de una ocasión.

Está claro que el mundo del sado tiene tirón por esas tierras. Numerosos expositores suministraban toda la parafernalia que acompaña al SM, mientras que en otros tantos se dedicaban a realizar pequeñas demostraciones de dominación o de bondage.

Entre los que se dedicaban al arte de las ataduras, estaba sin duda el stand más destacado entre todos los presentes en el festival, el recinto dedicado al shibari. No soy ningún experto, pero según me explicaron el shibari viene a ser el bondage japonés. Seguramente sea inexacto pero que me perdonen los más entendidos en la materia si mis conocimientos no pasan de aquí. De todas formas, y pese a mi ignorancia en este asunto, la exposición fotográfica y las demostraciones públicas de este arte hicieron que perdiese mi tiempo de forma bastante habitual por aquellos lares.

Shibari

¿Y qué pasa con el porno?

El lector más intransigente ya debe andar diciendo que va siendo hora de que hable sobre porno, que para eso esta página está dedicada a tan noble tema. Y no es casualidad mi tardanza en hablar de nuestra industria, es que simplemente si dedico el artículo a hablar estrictamente de porno, puedo liquidarlo en sólo unas cuantas líneas sin ni tan siquiera llegar al mínimo exigible que explique mi presencia por aquellas tierras.

Si anteriormente mencionaba que el porno estaba en un segundo plano, ahora digo que fui un tanto generoso con esa apreciación. Realmente la representación de este negocio se limitaba al stand de los franceses V. Communications, punto final.  Bajo la batuta de la gran Estelle Desanges, que se encargaba de poner orden por allí a la vez que no perdía la sonrisa atendiendo a sus numerosos fans (entre los que evidentemente me encuentro), este recinto fue el único en el que los asistentes podían disfrutar de la presencia de un buen número de actrices X.

Estelle Desanges

Y aquí hago un inciso porque imagino que ahora es cuando debería enumerar a todos los que allí vi, pero es que si soy sincero quitando al director Pascal Saint James y a la veterana Bamboo no reconocí a nadie más, aparte de la simpatiquísima Liza del Sierra, a la que vimos en el FICEB de hace un par de años con Thagson. Podría tirar de google y decir que allí también estaban Valentine Chevalier, Halana K y Mylene Slyver. Nombres que supongo todos conocerán y de los cuales tendrán controlados biografía, filmografía y demás datos de interés general, pero para un servidor eran, y prácticamente lo siguen siendo, unas totales desconocidas.

De todos modos nunca viene mal esto de introducirse en territorio inexplorado porque siempre te llevas alguna sorpresa. En mi caso ésta vino en la forma de Elodie Bathorie, una jovencita que se ganó mi atención y a la que no pienso perder la pista de ahora en adelante.

Liza del Sierra y Elodie Bathorie

Aún así, si hay algo que de verdad destacase en ese stand era la apatía reinante. Acostumbrado a colas, empujones e incluso tumultos para poder hacer una foto a cualquier chica ligerita de ropa, aquí me encontré con que la mayor parte del tiempo las señoritas se dedicaban a charlar entre ellas sentadas en un sofá. Esperando aburridas a que algún descarriado les llamase para la foto de rigor en la que por supuesto no enseñaban nada de chicha. Al menos, como parte positiva, podías charlar con ellas todo lo que quisieses que nadie te iba a molestar.

Además me resultó curioso que cuando pregunté por allí que si ellos no tenían algún espectáculo programado, me remitieran inmediatamente a un cartel que rezaba lo siguiente: “show lésbico entre dos auténticas actrices porno por 10€”. Y lo mejor es que ante mi sorpresa había cola para poder acceder al pequeño escenario donde se desarrollaba la acción. Cada día lo tengo más claro, Belgium is different.

Aparte, como madrina del festival, se encontraba Carla Nova. Una actriz de reducida filmografía pero notoria popularidad que despertaba auténticas pasiones allá por donde mostraba sus implantes de silicona. Además la susodicha tuvo a bien llevarse el premio a mejor actriz europea en una gala en la que “sospechosamente” la gente de V. Communications acaparó todos los galardones posibles para sus actrices.

Carla Nova

Y aquí sí voy a detenerme y no por el más que evidente pucherazo de los galardones, sino por el desarrollo de la entrega de premios. Celebrada de cara al público y durante el transcurso del festival. Sin cenas de gala ni excesiva parafernalia. Una ceremonia rápida, sencilla, hecha para el disfrute del aficionado de a pie y que incluso permitía que los asistentes pudiesen hablar con los premiados sin ningún problema. Muchos deberían aprender de este modelo y darse cuenta que si de verdad quieren dar repercusión a sus premios entre los aficionados ésta es una de las mejores maneras.

Si encima le sumamos que Liza del Sierra (premio de honor del festival) se dedicó a ir despelotando una a una a todas sus compañeras galardonadas, entenderemos porqué la ceremonia se desarrolló entre el jolgorio general y los vítores a la pequeña francesa. Lástima que un “amiguete” me tirase la cámara dejándola inservible y jodiendo la posibilidad de inmortalizar esos momentos para la posteridad.

En fin, que con la entrega de premios acababa mi visita al Festival international de l’érotisme de Bruselas y con ella también concluyo esta crónica. Dos días que me sirvieron para descubrir uno de los festivales con más renombre allende nuestras fronteras y que no han hecho otra cosa que recordarme las sabias palabras de Rocco con las que empezaba este texto. Esperemos que el futuro permita rellenar ese hueco en el mundo del triple X, que de erotismo también se vive pero no es lo mismo.

Bye.