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A mí me gusta muchísimo el baloncesto, no todo va a ser porno, y una de mis diversiones favoritas consiste en sentarme con mis amigos y soltar chorradas del estilo de si Bird es mejor que Nowitzki o si Kobe es más chupón que Iverson. Evidentemente, nunca nos ponemos de acuerdo ya que cada uno tiene unos gustos totalmente diferentes, pero el buen rato de la charla, y posterior discusión, no te lo quita nadie.

Con esta breve introducción quiero justificar el hecho de que hoy voy a dejar a un lado los artículos “sesudos” y me voy a divertir un rato pisando el escabroso terreno de las comparaciones. Y no lo voy a hacer con una cualquiera, no, lo voy a hacer con una que tiene como protagonistas a las dos mayores estrellas del porno de los últimos 15 años.

Belladonna y Jenna han sido las número uno del negocio en distintos momentos y son seguramente los nombres más reconocibles de nuestra industria. El hecho diferenciador es que el camino que han seguido para llegar hasta ahí ha sido bien distinto.

Mientras que la morena es la reina del gonzo y el sexo a destajo, la rubia es la reina de las features y del marketing. Mientras una es la imagen que quiere dar la industria al exterior, la otra es la imagen del porno que niegas ver pero que inunda tu videoteca. En definitiva, son las dos caras de la industria del porno.

Haciendo un poco de memoria, habría que recordar que la bomba rubia entró en el porno con la clara intención de ser la número uno del negocio. Con este propósito Wicked la convirtió en su producto estrella mediante una magnífica campaña de marketing y que nos dejó películas como “Dreamquest” , “Conquest”  o “Satyr” donde sobresalía su escultural figura. Pero aquí no comenzaba su historia pornográfica sino que antes de llegar a este punto la de Las Vegas ya tenía un pasado en el mundo del X.

Con 19 años debutaba una rubia de cuerpo explosivo y tetas de infarto (totalmente naturales en esos momentos) en un gonzo de la serie Up and Cummers de Randy West. Ya se veía que esa “niña” tenía algo especial, desprendía un morbo y un magnetismo que trascendía más allá de la pantalla y que ya auguraba los buenos presagios que luego se confirmaron. Aún así, antes de su meteórico ascenso una serie de malas experiencias la llevarían a abandonar el porno durante un tiempo.

jenna

Y aquí tenemos un punto en común con la de Utah, ya que aunque nadie lo crea también Belladonna puede verse superada por el sexo. Cuando todavía era una chica inexperta que buscaba su hueco en la industria, la grabación de “Gang Bang Girl 29” supuso su peor experiencia en el negocio y una de las razones por las que abandonaría este mundillo momentáneamente.

A su vuelta, la ex de Nacho Vidal se convertiría en la abanderada del gonzo duro que actualmente satura nuestras pantallas de chicas naturales dispuestas a todo. En estos vídeos el sexo anal no es una opción, es una obligación y Belladonna ha dado auténticas exhibiciones sexuales en este arte como cuando dio buena cuenta de un bate de béisbol en “No limits” o en sus apariciones en la ya mítica serie “Ass Worship”. Como ella dijo en una entrevista a esta casa, siempre puede subir un poco más el listón. Además, a su pericia  con los backdoors hay que sumar una capacidad felatoria que la colocan a la derecha de Jeanna Fine en el altar de las tragasables.

Así, si Belladonna es la reina “ilimitada”, Jenna es la reina de las limitaciones. Si alguien se da una vuelta por algún foro porno, verá que la mayoría de preguntas sobre ella van a colación de si alguna vez ha hecho sexo anal o si tiene escenas interraciales. Desde ya os digo que dejéis de buscar porque estas escenas no existen. Como dice en su biografía, el sexo anal queda en casita y las pollas grandes como que no le hacen mucha gracia.

Pero en su defensa diré una cosa, 10 años en el porno son una eternidad y cuando ella empezó, las actrices no tenían que realizar determinadas prácticas para ser estrellas. Ya me diréis en que se parece la carrera de Chasey Lain a la de Gauge o la de Racquel Darrian a la de Ashley Blue. Está claro que si comenzase su carrera hoy día, tendría casi imposible repetir todos sus logros, pero no me cabe duda que en un negocio en el cual las generaciones de actrices vuelan, Jenna ha sido una superviviente. Una mujer que ha preferido seguir con sus normas que doblegarse a unos nuevos tiempos con exigencias que para nada le satisfacían.

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Y además yo no voy a engañar a nadie en cuanto a lo que pienso sobre estos límites. Personalmente prefiero ver, por ejemplo, como se desnuda Asia Carrera a ver algún primerísimo plano de dilatación máxima de la ínclita Aurora Snow. Y es que el porno no debe consistir sólo en una sexualidad desbocada sino que gran parte de su encanto radica en el morbo que pueda transmitir la escena y aquí, alguna de las miradas libidinosas de Jenna mientras degusta un buen miembro masculino no tiene nada que envidiar a una Belladonna en éxtasis mientras es doblemente empalada.

Por cierto, si hablamos de empaladores, está claro que el más grande es, ha sido y será Rocco.

En la segunda mitad de los 90 el italiano protagonizó una serie de películas junto a las estrellas americanas del momento como Nikki Tyler, Chasey Lain o Jenteal. Pues bien, esta serie de películas suponen la mayor decepción que hay para los fans del potro ya que en ellas parece castrado y subyugado a las chicas Vivid. Además, del gran duelo con nuestra protagonista en “Jenna Loves Rocco” lo único que se puede destacar es que se trata de su único encuentro y ni uno ni otro parecen estar a la altura. Como dato diré que de toda esta serie me quedo sin duda con el viajecito europeo que se pega con Taylor Hayes donde ambos sí que dan la talla.

Por contra en Belladonna, con permiso de la sin par Kelly, Rocco ha encontrado a su equivalente femenino y juntos han rodado la que para el que esto escribe es la mejor película que se ha hecho en los últimos años. Por supuesto me refiero a “The Fashionistas”, y la actuación de nuestra chica está muy por encima de prácticamente cualquier cosa que haya rodado la Jameson.

Y esa cosa que sobresale en la carrera de Jenna son los lésbicos. Son los clásicos números entre chicas en los que no hay nada que los haga especiales, salvo por una cosa, aún hoy me entran sudores fríos recordando la primera vez que vi la escena entre J.J. y Brittany Andrews en “Flashpoint” o esas escenas junto a su “mejor amiga” Nikki Tyler o el dueto junto a Jill Kelly de “Wicked Weapon” o tantas otras escenas en las que el vicio se puede palpar y hace que un lésbico de lo más corriente deje de serlo y se convierta en una escena de sexo de primer nivel.

En cambio los numeritos sáficos de Belladonna son batallas campales filmadas de igual manera que si los participantes fuesen hombre y mujer. Son escenas rudas, con muchos golpes, mucha saliva y los consoladores más grandes que se puedan encontrar en el mercado (es más, dudo incluso de que se comercialicen).  Para los que tengan curiosidad ahí están “Evil Pink” o la serie “Bella’s Perversions” como sus mejores exponentes, aunque como ya he dicho, me sigo quedando con la amiga Jenna en lo referente a la bollería fina.

Tras repasar sus habilidades delante de la cámara por separado, lo que nos queda es ver lo que se produjo en su esperado encuentro cinematográfico, el cara a cara de “Bella Loves Jenna”. Aparte de que la película en general me parece un bodrio (se ve que no estoy hecho para modernidades), lo que me interesa de ella es su primera escena de sexo. Ésa en la que aparecen nuestras dos protagonistas compartiendo fluidos.

La escena entre las dos divas es lo mejor de la película con mucha diferencia, pero aún así no deja de ser un bluff. La escena podía haber dado mucho más de si y en cambio se queda a mitad de camino entre los estilos de ambas, o sea, Jenna algo más guarra de lo normal y Bella más flojita de lo habitual. Hay mucha saliva, muchos dedos e incluso un fisting recibido por Belladonna, pero de todas formas, y en términos boxísticos, habría que calificarlo como combate nulo.

Y espero que ya no haya nadie con ganas de más, porque con el párrafo anterior doy por concluido este soliloquio en el que mis absurdas reflexiones no me han llevado a nada en claro y es que esto de discutir con uno mismo sobre quien es mejor o peor no tiene mucha gracia, lo suyo es que haya un cafelito de por medio y una persona al otro lado de la mesa. Así que me voy a llamar a algún amigo para quedar y ver que opina él del tema.

Bye.