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Llevo 10 días sin internet. Estoy aislado del mundo en una casa rural cuya mejor comunicación con el exterior sigue siendo una carreta tirada por un burro. Mis amigos me convencieron de que sería una manera infalible de desconectar con la realidad. Pero yo no me fiaba mucho, ya sabéis, eso de “Sin tele y sin cerveza Homer pierde la cabeza” me hizo aprender una gran lección. Así que metí de incógnito mi portátil entre las provisiones de comida por si se producían “tiempos muertos”.

Y vaya si hice bien, me he visto toda mi reserva de películas, también la última temporada de Los Soprano e incluso he tenido tiempo de revisionar algunos clásicos del onanismo que me quedaban por aquí.  Hasta he llegado al punto de, como medida desesperada, releer algunos textos que escribí hace tiempo, desde trabajos de facultad hasta los artículos que he hecho para esta santa casa.

Entre estos últimos, me encuentro con que la mayoría me dan vergüenza ajena, como mucho salvo un par de párrafos de cada texto (la autocrítica y yo, esa gran relación). No tienen gracia, no tienen ritmo y sobre todo uno de ellos me ha hecho pensar que el editor de esta web empina el codo más de la cuenta porque no me explico su publicación.

“Sex & Drugs & Rock & Roll” se titula el dichoso texto. Recuerdo que yo pretendía hacer algo informativo a la par que ameno, recordar un poco las relaciones que hay entre la industria de la música y el mundo del porno. Y la cosa es que de informativo lo justo y de ameno nada de nada.

Por eso me propongo hacer una especie de versión 2.0 en la que volviendo sobre el mismo tema daré algunos nombres más e incluso puede que hasta el título de algún disco.

Y tras todo este preámbulo, totalmente innecesario para más inri, paso a explicar el porque del “More, more, more” que encabeza el texto. A los que peinen canas les traerá el recuerdo de las pistas de baile de los 70 en plena fiebre Tony Manero. Es el título de uno de los más grande rompe pistas que tuvo las música disco, y hoy por hoy su presencia se hace fundamental en cualquier recopilatorio de la teletienda que se precie.

Pero lo fundamental de esta historia es que la chica que estaba tras la canción, Andrea True, era una actriz porno. A mediados de los setenta Andrea se encontraba en la cumbre de su fama y fue contratada por una agencia jamaicana para la realización de unos anuncios en la isla caribeña. El problema surgió cuando estalló una revolución que impedía sacar dinero al exterior.

Así nos encontramos a nuestra protagonista con su bien ganado dinerito pero con la imposibilidad de abandonar la isla si no quería perderlo. Ante tal tesitura nuestra chica tuvo la idea de llamar a un productor amigo suyo, Gregg Diamond, para que le consiguiese unos músicos locales que la ayudasen a grabar una maqueta que sirviera como inversión de su pequeño capital.

El resto ya es historia y la canción catapultó a la fama a la señorita True, llevándola a abandonar el noble arte del sexo filmado para dedicarse a su carrera musical. Llegó a grabar un par más de trabajos de estudio, pero el destino no fue benevolente con nuestra protagonista y un problema en sus cuerdas vocales le obligó a la retirada. Hoy en día se dedica al tarot y la astrología en Florida y su más famoso tema la ha llevado a ser una de las más reconocidas one-hit wonder de la historia.

Éste es quizá un caso único, ya que la chica es sin duda más conocida por su faceta musical que por su carrera pornográfica. Lo normal suele ser que la actriz de turno quiera cumplir sus sueños de niñez y convertirse en la próxima popstar. Pero al final lo único que conseguirá será un disco mediocre (con suerte) y algo de publicidad extra.

Ese es el caso de Cicciolina y Traci Lords. La ex diputada italiana tiene una “extensa” carrera musical que abarca varios trabajos discográficos y que representa una parte importante  de su trayectoria artística. Pero si yo le pregunto a mi padre por quien es esa señorita, sólo la recordará como la guarrilla esa que hacía porno y que enseñaba las tetas por la tele.

Y es que no me extraña que esas melodías sexualmente explícitas y altamente infumables quedasen en el olvido de la colectividad hasta que internet las sacó del oscuro rincón en el que estaban olvidadas. Haciendo que canciones como “Musculo Rosso” (su mayor éxito) se hayan convertido en auténticos hits casposos para frikis con ganas de echarse unas risas.

Caso parecido, o peor aún, es el de la americana. Si hay una mujer que parezca obsesionada con demostrar que es algo más que una estrella porno esa es nuestra amiga Traci. Fuera de este negocio es conocida por su carrera como actriz de serie B, pero como no podía ser de otro modo también ha hecho sus pinitos en la música.

Ya en el artículo anterior hablaba de su colaboración con el grupo galés Manic Street Preachers en la canción “Little baby nothing”, pero Traci Lords también ha volado en solitario y su pasión por la música electrónica tuvo su reflejo en el disco “1.000 fires”. Un trabajo que tuvo cierta repercusión e incluso algún reconocimiento más allá del nombre de su afamada creadora, pero que queda muy lejos de las cotas alcanzadas por Traci en el cine para adultos.

Otra compañera suya, la no menos mítica Ginger Lynn, también ha probado suerte en este negocio, aunque con mucha menos suerte que su amiga. Es más, si la nombro en el artículo es simplemente para que me sirva de introducción a un disco que es fundamental para todo pornófilo con serios problemas mentales en cuanto a su afán completista.

“Porn to rock” es una colección de canciones cuya mayor característica es que las voces que hay detrás de cada tema,  son las de actrices y actores del cine para adultos. Dentro del disco nos encontramos con gente que tiene una carrera musical más o menos seria, como Madison o Hyapatia Lee, junto a auténticos descubrimientos como Chloe Nicole, cuyo “Fuck me harder, motherfucker” (ni Bécquer se hubiese expresado mejor) debería elevarla a los altares de medio mundo. En resumen, un batiburrillo de ritmos y estilos sólo para el consumo de los más avezados coleccionistas. Indispensable.

Otra de las presentes en el disco anterior es Midori. La chica ha intentado tomarse en serio su carrera musical (sólo hay que ver su myspace http://www.myspace.com/michelewatley) y logró editar un par de discos en solitario a comienzos de la actual década. Aparte tiene otras cuantas colaboraciones y singles en el mercado, como por ejemplo su participación en otra compilación de artistas porno titulada “Deep Porn”.

En esta mezcla de hip-hop, música electrónica y porno, no se intenta mostrar el talento musical de las actrices, sino que se usan samples de los momentos más calientes  protagonizados por las chicas, para hacer remezclas musicales que se han calificado como porno para los oídos. Heather Hunter, Raylene o Stacy Valantine se juntan a nombres como Kid Rock (entonces novio de la nombrada Midori), George Clinton o Dj Muggs de Cypress Hill en esta curiosidad.

Y para no hacer de este texto una lista infinita, voy a ir enfilando el final del artículo con la habitual representación castellano parlante. Aparte de los pinitos como dj de Nacho Vidal (buen maestro tiene en el gran Cristian Varela) o de los gorgoritos que hacía Candy Love, más conocida para los pornófilos como Avy Lee Roth, al frente del grupo Cálmate Candy, sin duda la más conocida de las actrices-cantantes hispanas es la argentina Elizabeth Maciel.

Si bien en España no deja de ser una desconocida para el gran público, al otro lado del charco la chica tiene una buena legión de fans. Allá por el año 2.002 lanzó al mercado su primer disco, una especie de pop-dance erótico según dice en su web, al que seguiría un segundo trabajo, “Acabando con todo” en 2.004 y “Sex and the music” en 2.008. Ella misma se define como cantante erótica y en Cataluña han podido disfrutar de alguna aparición estelar en el programa de Tony Rovira.

Con esto acaba el repaso de actores y actrices que han intentado demostrar que sirven para algo más que para darle al mete saca ante las cámaras, pero como despedida quiero nombrar a un grupo más. Los discípulos de Dionisos no tienen nada que ver con el porno, o al menos eso creo, pero el hecho de que sus componentes tengan nombres como Juan Jolmes o Chico T.T. y que dediquen canciones a gente tan entrañable como Ron Jeremy o Ginger Lynn hacen que se hayan ganado mi simpatía  y este mínimo espacio promocional gratuito.

Y ahora sí que sí me despido hasta próximas entregas… si es que logro salir de este infierno verde que me rodea.