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Hay gente que planea su tiempo de veraneo en función de la selección española de fútbol. Hay otros que pagan fortunas por un viaje con el equipo de sus amores. Incluso hay quién no le importa perder algún día de vacaciones por una eliminatoria de Champions. Y luego, aparte, estamos unos cuantos dementes que cuando planeamos un viaje lo primero que hacemos es ver si existe la posibilidad de asistir a cualquier friki evento.

Cuando hace un par de meses unos amigos me propusieron visitar París los mandé a tomar viento rápidamente. Ya había estado un par de veces y mi economía no andaba muy boyante. Sin embargo, cuando a los pocos días me encuentro con que en las fechas señaladas para el viaje se celebra en la capital francesa un festival erótico, mi chip cambia totalmente. No es que me apunte al viaje, es que yo lo organizo.

Así nacía la historia de mi visita al Salón Big Eropolis de París. Evento que tuve a bien visitar un par de jornadas y del que vais a poder disfrutar, o sufrir, mi relato de lo allí vivido.

Cuando el primer día dejaba a mis acompañantes extasiados con las vistas de la Torre Eiffel y me dirigí hacia Le Bourget no podía imaginar que iba encaminado hacia el último rincón de París (y casi de Francia).

Aún retumban en mi cabeza las risas de unos transeúntes a los que pregunté cuanto tardaría en llegar al Palacio de Exposiciones yendo a pie. Y no, esto no lo pregunté en el centro de París, esto lo pregunté después de que un cercanías tardase casi una hora en llegar hasta la parada más próximo al nombrado recinto.

De todas formas este contratiempo no me desanimó y tras un paseíto de casi una hora por las más inhóspitas avenidas que recuerdo acabé llegando a mi destino. Aunque bien es cierto que sólo pude disfrutar de esa primera toma de contacto durante poco más de media hora. Había llegado cuando todo el mundo estaba recogiendo los bártulos.

Nota mental para próximas ocasiones y aviso a futuros asistentes a este tipo de eventos: cuando la organización fleta autobuses gratuitos para llegar al recinto podemos estar seguros que aquello andará por donde Cristo perdió el mechero.

Pero bueno, al mal tiempo buena cara y al menos ya tenía mi acreditación, descubrí donde paraban los buses de la organización, comprobé que la cámara que me habían dejado era una mierda en mayúsculas (así me cubro de posibles críticas) e incluso tuve tiempo de presenciar un par de shows antes de que aquello cerrase.

Así que pese a que mi primera intención era la de haber asistido al dichoso evento sólo un día no me quedó más remedio que retornar la tarde siguiente.

Ya curado en salud con la experiencia anterior decidí coger un tren bastante más temprano y tanto que lo hice que cuando llegué al Palacio de Exposiciones me encontré con aquello bastante desolado. Poca gente había en la zona libre y aún menos en la hard.

Y sí, sé que se me ha pasado explicar qué es eso de las zonas libre y hard (nombres de cuño propio con los que bauticé las partes en las que estaba dividido el recinto), pero no os preocupéis que le doy solución rápidamente. Cuando entrabas en el Palacio, tu entrada permitía tener acceso a una primera área soft en la que podían acceder incluso menores de 18 años. El porno estaba prohibido aquí y los shows que se realizaban eran totalmente lights.

Como os podéis imaginar poco atractivo había para mí allí y quizás por ello, mayor fue mi sorpresa cuando me encontré en uno de los stands a la ex estrella de Private Asian Shan. Los colegas de Xstarsworld habían montado la mayor caseta del festival y tenían un muestrario casi inacabable de chicas que o bien hacían cam con ellos o eran actrices que estaban allí firmando.

El problema venía en que un servidor salvo a la mencionada Asian no conocía a ninguna otra de las presentes por mucho que me esforzase en intentar recordar algún rostro. La parte positiva es que me llevé apuntados un par de nombres a los que seguir la pista en el futuro: Elke y Eliska Cross.

Sobre todo de esta última me llevé una magnífica impresión cuando la vi protagonizar un show lésbico muuuy caliente con la starlette Angell Summers (otro nombre a seguir).

Este tipo de shows de marcado carácter sexual y claramente no recomendados para menores de 18 años eran los que tenían a bien sucederse en la mencionada zona hard. El acceso a dicha área no estaba incluido en el precio de la entrada y había que abonar la módica cantidad de 3€ en una improvisada taquilla.

¿Por qué 3€ y no 7 por ejemplo? Pues porque según me explicaron por allí, ese dinero se repartía entre los expositores presentes y como eran tres pues cada uno se llevaba un eurito extra por visitante. Personalmente pienso que es una manera bastante ingeniosa para que las compañías que llevan chicas a estos eventos puedan financiarse de algún modo el gasto que esto supone, así que desde aquí rompo una lanza a favor de su implantación en territorio nacional.

El primero de estos stands era el perteneciente a Fabien Lafait, un productor y director francés de no mucho renombre en el panorama internacional y que viendo el muestrario de actrices que lo representaban no va a ver incrementada su fama tras el salón.

No digo que las chicas no fueran atractivas, digo que alguna debería ir pensando dedicarse a otra cosa. Muchas veces nos quejamos del nivel existente en España, pero es que después de ver que ese es el nivel medio del porno francés (no todo es Dorcel), nos podemos dar con un canto en los dientes viendo lo que aquí tenemos.

Como os podéis imaginar he olvidado, o al menos lo he intentado, el nombre de la gran mayoría de aquellas chicas, pero como al menos debo proporcionaros un par de nombres pues me quedo con los de Lola Vinci (muy simpática, eso sí), Andrea Owen y Gladys Delys (a la cual nombro sólo porque es una de las pocas fotos que salieron bien).

Justo al lado se encontraba un espacio que hizo las delicias de todos los que gustaban de las chicas negras de generosas curvas. Anksa Kara es una actriz de origen camerunés que está arrasando en Francia, ella era la estrella de ese stand y no fueron pocos los que no podían quitarle el ojo de encima a su impresionante delantera o al resto de chicas que deleitaban al personal meneando sus traseros al ritmo de un hip hop ensordecedor.

La lástima es que aquello estaba lleno de seguratas que se aseguraban, valga la redundancia, de que no sacases ninguna foto a las chicas a menos que pagases el “económico” precio de 6€. Yo me libré gracias a que la misma Anksa me quitó a un guardia de en medio y quiso posar para mi objetivo por motu propio. Ojalá todas tuviesen el mismo comportamiento con los asistentes.

Para el final he dejado a los grandes reyes de todo el evento, V Communications. Liza del Sierra, Estelle Desanges, Elodie Bathory, Carla Nova y Bamboo ya habían estado presentes en Bruselas así que tenía fresco su recuerdo, pero aún así, una vez más, caí rendido ante Elodie y Liza. Qué se le va a hacer.

La sorpresa me vino con Tina Lys, una chica que en persona es espectacularmente atractiva y que desde ya os animo a que no le perdáis ojo.

Pero por mucho que diga, si hubo dos mujeres que me impactaron enormemente con su presencia, ésas fueron dos veteranas que lejos dejaron sus carreras como actrices porno.

Por un lado, Liza Crawford era la speaker oficial del evento y era espectacular como cada vez que subía al escenario a anunciar cualquier cosa, todos los presentes no hacían más que pedir que fuese ella la protagonista del siguiente show. Como decía el torero: im-prezionante.

Aún así, Liza quedaba empequeñecida por la madrina del salón. Julia Channel no es que se conserve bien, es que me atrevo a decir que está mejor ahora que en sus tiempos de chica Salieri. Sin palabras me quedé la primera vez que la vi y sin palabras me quedé con los malos modos que se gastaba con aquellos incautos que le pedían alguna foto. Yo, viendo la mala leche que destilaba, preferí no decir nada y quedarme con el buen sabor de boca que me había dejado su sola presencia.

Con esto termino mis aventuras por el Eropolis parisino, un festival que ni mucho menos está acorde a la importancia de la ciudad que lo alberga. Muchas chicas de segunda fila, ninguna presencia internacional y la ausencia del gigante francés Marc Dorcel hacen de éste un evento totalmente prescindible al que creo que difícilmente volveré a asistir.

Pero quien sabe, lo mismo mis colegas organizan otro viaje el año que viene.

Bye.