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Durante los años dorados del porno en España, salieron unos cuantos directores que intentaron dotar de algo de enjundia fílmica a sus películas, haciendo de éstas obras nada desdeñables para una industria tan escasa de valores cinematográficos como históricamente había sido la española.

Narcís Bosch, Pepe Catman o Roberto Valtueña son seguramente los nombres cabeceros de esta generación, pero a su sombra también había vida. Entre estos realizadores de “segunda fila” nos podemos encontrar a un italiano afincado en España que desarrolló una prolífica carrera como director en continuo ascenso, la cual quedó abruptamente cortada por una prematura retirada justo cuando acababa de realizar sus dos mejores obras y recogía el reconocimiento en diversos festivales.

Queda así claro que Giancarlo Candiano no era precisamente ningún novato cuando en 2.007 decidió acometer un proyecto tan personal como “Mi Padre”. Una película de marcados tintes autobiográficos y que le supuso el empujón definitivo a lo más alto del escalafón nacional al alzarse como triunfadora absoluta en el FICEB de ese año.

Esa  fue la carta de presentación con la que se propuso acometer su siguiente proyecto, “The Fame”, la obra que sorpresivamente supondría su punto y final en esta industria.

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Candiano nos presenta una historia más ligera que en “Mi Padre” (punto comparativo ineludible), acercándose a esas películas que tan bien filmase Paul Thomas para la Vivid durante los 90. Un porno con un argumento lo suficientemente interesante como para no abusar del mando a distancia en las escenas de comedia, pero a su vez con el punto justo de ligereza que permita introducir el sexo sin cortar el ritmo narrativo.

En este caso la historia gira en torno al ascenso de una joven cantante que alcanzará el estrellato musical a la vez que se ve hostigada por un perturbado fan. Una historia simple y sin complicaciones excesivas que permite tapar carencias interpretativas a los menos dechados en este aspecto, ayudados también por la buena labor de los actores que no tienen rol sexual, a la vez que da pie al lucimiento de su estrella protagonista, la estupenda Bámbola.

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Y es que es innegable que la rusa es lo mejor de la película con toda justicia. Una actriz acostumbrada a trabajar con Salieri, a cargar con papeles de fuerte contenido dramático, que se sitúa en un nivel actoral bastante por encima de lo normal en este género. Si encima le sumamos una performance sexual nada desdeñable, nos encontramos con una protagonista perfecta para este tipo de películas.

Como su contrapunto, completando los roles protagonistas, encontramos a Carla Cox y David Galant, los cuales salen más que bien parados del envite, sobre todo, por ser los protagonistas de las mejor escena de sexo del film. Su encuentro es apasionado y saltan chispas entre ambos, sabiendo la cámara recoger perfectamente esa tensión sexual que acaba estallando con un tremendo squirt de la menuda rubia, dejándonos con la sensación que más que una escena coreografiada hemos presenciado un polvo filmado.

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Esta sensación resulta curiosa, porque precisamente el gran fallo del que adolecía “Mi padre” era un montaje excesivamente videoclipero del sexo, en el cual los continuos cambios de plano al ritmo que marcase la música incidental hacían que los diversos encuentros que jalonaban la cinta resultasen excesivamente fríos. Y cuando en la primera escena de “The fame”, vemos como el lésbico de Bámbola y Carla Cox está cortado por el mismo patrón, personalmente pensaba que el error iba a volver a aparecer. Pero nada más lejos de la realidad. Candiano demuestra que sabe como filmar una buena escena de sexo, aunque abuse ocasionalmente de los movimientos bruscos de zoom, dejando el montaje a ritmo de videoclip reservado sólo para momentos puntuales.

De esta manera terminamos la película con la sensación de que tal vez no hayamos visto un hito del cine para adultos, pero la perfecta factura técnica de la película, la buena labor tras la cámara de Candiano, las convincentes actuaciones dramáticas y ese salto necesario que necesitaban sus escenas de sexo, nos hacen decir que sin duda estamos ante la mejor obra de su director, a la vez que nos deja con el resquemor de no saber que nos hubiera deparado la posterior carrera del italiano justo cuando se encontraba en su mejor momento.

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