Sí, sí, habéis leído bien. No es un título con segundas intenciones ni tiene gato encerrado, éste es un artículo de agradecimiento a tan notable invento de la humanidad. Ahora que todo el mundo habla de crisis, crisis y más crisis, ahora que la nueva ley de nuestro Gobierno pretende capar los programas p2p, ahora (y desde siempre) que la SGAE ha encontrado un objetivo sobre el que centrar sus críticas en el intercambio de archivos entre particulares, ahora, en definitiva, que es cuando se ha otorgado a descargar archivos de internet el título de Satán en la Tierra, es cuando yo quiero agradecerle todos los servicios prestados a este dichoso programita hoy considerado casi prehistórico.

muleCentrándonos en nuestro sector, se suele indicar a las nuevas tecnologías como causa fundamental de la crisis de la industria. La falta de previsión y de adaptación ante lo que se venía encima casi no se menciona, y si se hace, es en un segundo plano y siempre tras haber dejado bien claro que los sistemas de descarga gratuita o visionado online son la razón por la que se rueda menos, las productoras quiebran y las actrices deben trabajar por cuatro duros. Parece que ya nadie compra o alquila películas, que todo el mundo ha optado por la sacrificada vía de coger gratis lo que en otros lugares tiene precio de oro.

Yo no voy a negarlo, tengo el feo vicio de anteponer mis necesidades básicas al consumo de porno. Así que con mi escuálido capital la compra de películas X ha estado siempre bastante arrinconada por otros menesteres. Por tanto no resulta extraño que mi colección de VHS y DVD originales no llegase a la quincena de títulos (y para más inri, varios de segunda mano). Y es que siempre he saciado mi necesidad de cine sicalíptico por otras vías, ya fuese mediante el vídeo comunitario local, que nos ofrecía (y ofrece) la conexión “gratuita” a diversos canales de pago, o el alquiler.

Desde que mis padres compraron su primer reproductor VHS hace más de 20 años yo me he considerado una rata de videoclub. He amenizado mi infancia y pubertad con toda clase de caspas y subproductos ochenteros y cuando comencé mis estudios universitarios en otra ciudad lo primero que hice fue bajar al videoclub más cercano a ver qué tenían. Es curioso como la vida a veces nos hace ciertos pequeños guiños, y es que la dependienta del lugar era una conocidísima actriz porno española (retirada hace ya algunos años), que en esos momentos estaba empezando y que no tenía el menor problema en comentar sus andanzas por los diversos festivales y rodajes que iban aconteciendo.

IMG_6517Pero bueno, la cosa es que ese primer día ya cayeron un par de películas con las que iniciaría un pequeño ritual que acabaría cuando me di cuenta que me había pulido la mayor parte de la sección para adultos. Como todo videoclub, éste no iba ser menos, presentaba el problema de unas existencias limitadas y una reposición casi inexistente.

Entonces se me presentó el dilema, pasar de rata de videoclub a rata de sex-shop o aguantar con las exiguas novedades de mi antro favorito. La respuesta estaba clara, aunque los respeto, los sex-shop siempre me han parecido bastante sórdidos y nunca me he sentido cómodo en las contadísimas ocasiones que he visitado alguno. Así que tocaba estar a pan y agua una temporada.

Y entonces llegó ella

Recuerdo como si fuese ayer cuando el colega de un amigo de un compañero de clase de mi compañero de piso nos pasó un cd con la película “Chasey Saves the World”, además de numerosos vídeos cortos que traían como protagonistas a señoritas tan estupendas como Jeanna Fine, Nikki Tyler o Jill Kelly. Estos últimos no eran ninguna novedad, pero lo de la película fue todo un shock. Con mi módem de 56k, internet ya era algo habitual en mi vida y la descarga de samples gratuitos era algo meridianamente normal. Incluso eran comunes las historias de facturas de teléfono astronómicas de aquellos pardillos que habían caído en las garras del porno de pago. Indagando un poco sobre el origen del cd encontré con que el interfecto que lo había elaborado había recabado su material en un programa llamado emule.

messagemodemPara los más jóvenes este nombre debe sonar a prehistoria pero yo os aseguro que en aquello momentos manejar el emule con soltura era lo mismo que estar a la última. Aunque la velocidad y la fiabilidad no fuese lo suyo.

Esas noches interminables aprovechando las primeras tarifas planas para descargar, con suerte, una escena. Esas tardes mirando absorto como la barra de descargas luchaba por pasar de ese aburrido color azul a un glorioso color verde sinónimo de éxito. Esas descargas ansiadas, deseadas, esperadas hasta casi lo agónico, luchadas durante semanas con sus escasas fuentes, que finalmente y por sorpresa resultaban ser una porno de abuelitos alemanes.

Pero sobre todo, esa posibilidad de tener al alcance de un solo click todo un universo de títulos que hasta pocos meses antes parecían tan lejanos y extraños como encontrar a un inglés sobrio en Benidorm.

Si ha día de hoy puedo considerarme un aprendiz de aficionado al cine para adultos en buena medida se lo debo a mi bendita mula. De avejentados clásicos a relucientes novedades, del porno más delicado de Andrew Blake a las más oscuras locuras de Greg Dark, de los gemidos incontrolados de Ginger Lynn a los sopapos a mano abierta de Rocco Siffredi, todo llegó a mi pantalla a través de tan dichoso programita.

Una época de esplendor que acabaría siendo superada gracias a la rapidez de las descargas directas o los beneplácitos del torrent. El emule se fue de nuestra vida casi sin hacer ruido y por supuesto sin las loas que bien merecía.

comparativaP2PLas conexiones han mejorado, ahora no se cuentan los kilobytes sino los megas o incluso los teras. El internauta busca la inmediatez del momento.

Antes había que esperar un par de días para poder ver una película completa, hoy en apenas segundos ya puedes estar disfrutando de las andanzas, en algún caso incluso inéditas en el mercado, de tu estrella favorita.

Ya nadie rueda películas, lo que vende es el gonzo más crudo, base para la paja rápida y el desahogo del usuario medio. La mula ha muerto, larga vida a la mula.